Las minas antipersonal dejan huellas que van más allá del momento de la explosión. Sus efectos atraviesan el tiempo, impactan profundamente a las víctimas y sus familias, y evidencian deudas persistentes en materia de verdad, justicia y reparación. Conmemorar esta fecha no es solo un acto simbólico, sino una invitación a reconocer esas historias y a fortalecer las respuestas institucionales frente a este flagelo.
En este contexto, la justicia transicional se consolida como un escenario clave para abordar estos hechos, permitiendo esclarecer responsabilidades y garantizar la participación de las víctimas en la construcción de verdad. Particularmente, el Macrocaso 10 de la JEP abre una oportunidad para visibilizar las afectaciones sufridas por miembros de la Fuerza Pública y sus familias, así como para avanzar en procesos que reconozcan su dignidad y sus derechos.
El acompañamiento a las víctimas en estos espacios no es únicamente una labor jurídica, sino un compromiso integral con su reconocimiento y con la garantía de que sus voces sean escuchadas. Desde MilVictimas, continuamos trabajando para que la justicia transicional cumpla su propósito y para que ninguna víctima tenga que recorrer este camino en soledad.








